LOS TELARES: FUENTE DE INGRESO Y ARRAIGO PARA FAMILIAS DE LA CUÑA.

Viernes, 04 de octubre de 2013


Nacen, hace 50 años, un telar que se multiplicó en varios centros de tejido. En la actualidad, los tejidos artesanales representan una fuente de ingreso y arraigo para varias familias.

Hay tres talleres de hilados y tejidos en el departamento Vera, en Pozo de los Indios Kilómetro 101, Fortín Olmos y Campo Zamo. La asociación Fundapaz (Fundación para el Desarrollo en Justicia y Paz) apoya estas iniciativas desde hace décadas con asistencia financiera y técnica. Surgió en 1973 por iniciativa de las hermanas del Sagrado Corazón de Buenos Aires. Las religiosas impulsaron el nacimiento de la ONG que colabora en estas iniciativas.

En los tres parajes se producen distintas prendas con lana. Cada taller tiene compradores prefijados, empresas porteñas, que le aseguran la rentabilidad del emprendimiento que le da valor agregado al producto de las ovejas. Otros canales de venta son las ferias en distintas localidades como Esperanza o la capital de la provincia. Para no entrar en competencia, cada taller se especializa en productos diferentes. En Olmos se tejen alfombras y tapices. En Pozo de los Indios se dedican a hacer almohadones y cubrecamas. Mientras, en Campo Zamo, la especialidad son las camperas, vestiditos y ponchos.

Luisa Rodríguez es una de las pioneras que sigue trabajando en el taller que funciona en Fortín Olmos. “En el principio eso fue un taller de costura. Eso fue iniciado por Ana María de Durbano que empezó con señoras grandes. Era un rancho, no era el galpón que tenemos ahora. Después se vio que acá había lana, ovejas, y algunas hacían el hilado para realizar sus labores en su casa. Algunas tejían cubrecamas, generalmente eran las santiagueñas, y después fueron aprendiendo las demás. Al ver eso, ella pensó en montar un telar. Esto fue en 1963, 1964”, recordó Luisa. Ella explicó cómo se manejan con los compradores: “Terminamos un encargo y ya nos vuelven a pedir otra cosa. Nos mandan el diseño, las medidas, los colores. Todo detallado. Cuando no tienen pedidos de clientes igual nos encargan para tener en el local, para stock. Así que no paramos”.

Fábrica casera

A Francisca Kapitaniuk, en Campo Zamo, le encanta fabricar ropa en su casa. “Empezamos en 1994 en un costurero donde hacíamos ropa nomás. Habiendo tanta materia prima que se tiraba, se desperdiciaba, una chica que trabajaba en Fundapaz dijo si queríamos hacer algo con la lana. Ella buscó una persona que nos enseñó. Y ahí empezamos a hacer lana”, afirmó. Esta tarea le ayudó a Kapitaniuk a mejorar la vivienda que habita. Con el dinero de la venta de sus prendas de ropa artesanales, se pudo hacer una galería. La “Tica” hila y teje la lana. Además, es una experta en tinturas. A punto tal que obtuvo 17 colores distintos para tejidos. “Se puede teñir con la cáscara del quebracho, con la cáscara del algarrobo, con una planta que se llama palo amarillo que tiñe bien amarillo. Teñir lleva mucho tiempo, pero se lo hace”, comentó.


En tanto, en Kilómetro 101, Liria Robles es una de las tejedoras. Al contrario de Kapitaniuk, aquí ya no hilan de lana de ovejas de la zona. Compran lana hilada proveniente de Catamarca. Para Robles, los tejidos fueron una salida durante la sequía que afectó a la zona en 2009. “Me ha servido porque nosotros acá pasamos una sequía muy grande y gracias a Dios yo podía tejer y tener un ingreso”.

No hay comentarios: