Lobos y corderos.

Martes, 06 de diciembre de 2011
Por Oscar Volpatti.


Esta es una de las historias, comunes en esta parte del departamento 9 de Julio, vaya a saber por qué, me encuentro situado en una pequeña localidad llamada Gato Colorado, en el límite Nor-Oeste de esta provincia, limite tripartito de las provincias de Santa Fe, Chaco y Santiago del Estero, aquí conocí a Jorge Barbieris, un pequeño productor rural que me refirió su historia, una historia que refleja la injusticia y la discriminación con que son tratados los pobladores de estos lugares por parte de algunos que se aprovechan de la vulnerabilidad que provoca el desconocimiento de las cuestiones legales por haber crecido inmerso en estos campos, arriba de un caballo con escasa instrucción, hombres de trabajo honestos, comprometidos y solidarios.-

Jorge Barbieris es un hombre de unos 50 y algo de años que vive en un establecimiento rural llamado el palmar, en medio de los Bajos Sudmeridionales del Norte de la provincia de Santa Fe, hace casi 30 años, llego allí con su padre a establecerse con un puñado de vaquitas.

Para ilustrar mejor los Bajos Sudmeridionales, se llaman así justamente por que es una enormes superficie de tierras bajas, compuestas por esteros y lagunas, una zona que permanentemente se encontraba bajo agua, donde no existen árboles, excepto en esta parte donde vive Jorge que se pueden apreciar algunos cúmulos de palmeras, en ese entonces toda esa gran masa de campos eran abiertos, es decir que no existían alambrados ni cercos que delimitaran aquella enorme extensión, tampoco había caminos ni rutas, la única forma de llegar era a caballo, a pesar de todo esas contrariedades Jorge muy chico y su padre se establecieron decididos a criar sus vaquitas, ese puñadito de vacas que representaba todo su tesoro y de la misma forma todo sus sueños y anhelos.

Pasaron muchos años de sufrimiento, según cuenta Jorge padeciendo inundaciones que los obligaba a hacer su ranchada sobre los carros, comiendo lo que se podía cazar, permanentemente enfrentando peligros como la brava Yarará que abundan en la zona y las que al no encontrar lugar seco, compartían su improvisada habitación encima de los carros, pero continuaron, a pesar de todo continuaron en el lugar, luego llegaron los hijos quienes tenían que desplazarse a lomo de caballo hasta la escuela a mas de dos leguas, pero continuaron de tras de sus vaquitas.
El progreso y la civilización empezó a llegar, se comenzaron a hacer canales que llevaban el agua, detrás de esos canales llegaron los caminos y parecía que la cosa iba a mejorar, parecía que los padecimientos no iban a ser tantos, pero en lugar de eso la cosa fue peor, junto con el avance y el progreso, junto con los canales y por esos caminos que le traerían a Jorge algunos beneficios, llegaron los avivados, llegaron los crápulas a aprovecharse de la vulnerabilidad de esta pobre gente que no tienen posibilidades de defenderse, que no tienen respaldo y llegaron a despojarlos de todo.

Llegaron amparados en sus títulos universitarios, muchas veces, según nos cuenta Jorge con lágrimas en los ojos, empuñando armas, aterrorizando a las familias enteras, reclamando los campos como de su propiedad.

Ese abogado de la gran Ciudad no tiene ningún documento que compruebe que las tierras son de él, no tiene nada que nos permita si quiera pensar que es el dueño de las tierras, de esa enorme cantidad de tierras que reclama, como tampoco tiene escrúpulos, por qué utilizando los métodos más denigrantes, logro sacar algunos incautos despojándolos de todo lo que hicieron con años de sufrimiento.

Jorge aguanta… como aguanto las crecientes, los embates permanentes de estos señores, pero ahora solo, por qué su padre lo abandono, me cuenta y no puede contener el llanto, “me lo mato, me lo mato con las amenazas, con la humillaciones con las quema del rancho muchas veces, con todo eso, no pudo aguantar más y se murió nomás”.-

“Hoy está el caso en la justicia pero los primeros días de Noviembre tuve que pagar un montón de plata no sé de qué y para dentro de tres meses tengo que pagar otra vez… decí que tengo amigos y me ayudaron, pero yo no sé de que es eso, no sé por qué me cobran” nos cuenta Jorge.-

A veces la justicia es demasiado lenta y tal vez demasiado ciega, no entiendo por qué tiene la venda en los ojos si con solo mirar a Jorge, con solo ver cómo y dónde vive se daría cuenta, cuantas veces reclamamos y exigimos cosas… hoy Jorge Barbieris quiere vivir y trabajar en paz, y personalmente creo que se lo merece.

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